Autor: Víctor Bautista


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La reputación en la fragua

Con el impacto del coronavirus a nivel global -que coloca a las naciones en una suerte de estado de guerra- tendremos una real regresión en indicadores de desarrollo económico y social, especialmente en las economías con fundamentos más vulnerables y menos diversificadas.

Agudización del déficit fiscal, caída de las recaudaciones, aumento de la deuda, desempleo, son factores que en República Dominicana no podremos eludir como secuela de una crisis sanitaria importada, un factor externo de difícil control, que cambiará la trayectoria del crecimiento hacia el declive.

Al margen de esa realidad -que es materia de abordaje de economistas- quiero tocar un tema colateral con vistas al futuro del país y que estará muy vigente en el período posterior a la crisis, asumiendo, por supuesto, que la pandemia será controlada.

Se trata de la reputación-país, un indicador que, seguramente, será materia de análisis y estudios internacionales de entidades especializadas en la materia, como Reputation Institute, y que claramente pudieran generar un ranking de eficiencia en la gestión de la crisis.

No hay dudas que el tipo de manejo de esta inédita contingencia dejará un sello en los países que condicionará la confianza de los visitantes extranjeros, en el caso de aquellos en donde el turismo es un eje fundamental en la economía y también de los capitales en forma de inversión externa.

Creo que se podrán proyectar como países seguros aquellos que hayan aplicado métodos de pruebas masivas, diagnóstico rápido, aislamientos, con menos tasa de mortalidad y estén sirviendo estadísticas fiables que muestren la limpieza de un proceso dirigido con idoneidad y credibilidad.

Una mala reputación-país derivada de la gestión inadecuada, que deje sombras, dudas, vacíos y preguntas no respondidas, podría traducirse en pérdida de oportunidades de mercado, que significa contar con menos recursos para afrontar la tarea de la recuperación.

Para las marcas o las empresas, la crisis es también desafiante porque su participación en la búsqueda de soluciones para el colectivo, los aportes con desprendimiento sin procurar negocios, la protección de sus colaboradores, en términos de salud y de la economía personal y la ética en la fijación de la estructura de precios, marcarán su perfil y definirán su licencia social. Tanto para los países como para las marcas, la comunicación estratégica será determinante para fijar percepción compartiendo y haciendo entender las buenas prácticas asumidas. Los hechos no comunicados no existen.

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La comunicación como defensa: clave para la reputación turística

Una campaña mediática afectó los ingresos por turismo de República Dominicana en 2019.

La muerte de turistas en establecimientos hoteleros fue el detonante.

El asunto fue tan serio que hasta puso en riesgo la imagen de nuestra industria de ron.

Al final se determinó que se trató de casos de muerte natural y ahí terminó todo, pero con un daño irreversible.

La enseñanza es interesante. El gobierno debe contar con un plan de comunicación de crisis para manejarse correctamente ante situaciones contingentes o imprevistos que puedan afectar los ingresos externos del país o sus activos intangibles.

Evidentemente, fuimos reactivos como país ante una campaña maléfica que nos sorprendió.

Salimos a defendernos dando “patadas voladoras” o improvisando. Nos quedamos dependiendo de la suerte, sin estrategia ni mensajes clave previamente elaborados.

Esta pobre narrativa de defensa fue causa de la falta de prevención en materia de comunicación. Ojalá aprendamos.

En general, invertir en estrategia de comunicación no es ocioso para el Estado ni para ningún negocio que esté en el mercado rodeado de riesgos.

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Más que sombrillas corporativas

Como instancias protectoras, creadas para defender los intereses de sus miembros, ser interlocutores válidos frente a los tomadores de decisiones de políticas públicas y hasta mecanismos de presión para producir cambios, los gremios empresariales juegan un rol de primer orden en la sociedad y son parte de la cultura democrática, gracias al contrapeso que ejercen.

Se trata de organizaciones que -además- ejercen protagonismo en la formación de estados de opinión ante propuestas legislativas, decisiones fiscales, tributarias, normativas y diseños de políticas que tocan las reglas del juego.

República Dominicana cuenta con valiosas asociaciones empresariales que estudian los fenómenos de sus respectivos sectores, se esfuerzan por crear infraestructura estadística, monitorean los hechos que les conciernen para dar respuestas rápidas, aportar ideas y claridad en momentos de confusión y, en el caso de algunos, desarrollan programas académicos para elevar la calidad del capital humano de los sectores que representan.

Se trata de organizaciones que -además- ejercen protagonismo en la formación de estados de opinión ante propuestas legislativas, decisiones fiscales, tributarias, normativas y diseños de políticas que tocan las reglas del juego. Su liderazgo cuenta con aprecio mediático porque constituyen fuentes de consultas siempre dispuestas a ofrecer sus puntos de vista en forma pública.

Los tiempos cambian y crean tendencias. La reputación y  la gestión de intangibles devienen en sólidas columnas para la sostenibilidad de las empresas. Las asociaciones empresariales no deben ser ajenas a esto y se quedarían rezagadas y atemporales si solamente se limitan a desempeñar su rol tradicional sin montarse en la evolución del entorno.

“Approaching the future 2019”, informe de Corporate Excellence, Centre for Reputation Leadership, y Canvas Estrategias Sostenibles, constituye una lectura recomendada para las asociaciones empresariales decididas al enriquecimiento de su función, mirando hacia adentro y hacia afuera, siendo entes promotores de transparencia, ética, buenas prácticas y compromiso social.

Son infinitas las oportunidades de los gremios empresariales para contribuir con una mejor sociedad y una de ellas es elevar los parámetros de admisión de asociados, vetando a los corruptos, evasores, irrespetuosos del medio ambiente, incumplidores de los aspectos que promueven la salud laboral, la seguridad en el trabajo, la dignidad  de los colaboradores, las relaciones éticas con proveedores, el respeto a la ley y a la sana competencia en el mercado.

La indiferencia ante los elementos antes expuestos aleja a los gremios empresariales de los cinco ámbitos clave para el futuro de las organizaciones citados en el informe: contar con propósito corporativo, confianza y reputación, desarrollo sostenible, activismo social y empresarial y cultura corporativa del futuro. Así, más que sombrillas corporativas, serían reales agentes de cambio.

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Semiótica de la política en RD

Fórmulas añejas que luchan por estar en vigencia –a contrapelo de su naturaleza y carácter- y propuestas nuevas o relativamente nuevas que no hallan el camino adecuado para exponerse, de forma que las podamos entender. En el ejercicio político de República Dominicana asistimos a una crisis semiótica, con los símbolos y los signos en un estado convulso.

En ese marco, veremos muchas cosas extrañas desde ahora y hasta llegar al momento decisivo para elegir a quien conducirá el barco de la nación a partir de 2020, sin excluir todo tipo de diatribas de una guerra encarnizada en la esfera digital y vista desde los dispositivos móviles.

Será una batalla visual en múltiples dimensiones, con ojos escrutadores en un monitoreo persistente para capturar errores y convertirlos en leyendas pegajosas, de rápida producción y trituradoras de fama. Ya lo estamos viendo.

Los aspirantes presidenciales tendrán que medir bien sus pasos, pensar previamente en todo lo que dicen y lo que hacen, cuidando –sobre todo- la articulación de los elementos verbales y no verbales.

Años atrás estas operaciones suponían altas inversiones y estaban reservadas para quienes contaban con los recursos. Hoy, el teléfono celular es un centro de integración vertical, con producción, posproducción, pauta y visualización de campaña, que abaratan la comunicación política.

Esa realidad está ahí para bien o para mal, porque así como existe la posibilidad de crear a bajos costos relatos atractivos, que despierten la pasión, el sueño, el aspiracional, los riesgos de destrucción y autodestrucción ahora son infinitos y sin barreras financieras o tecnológica.

Los aspirantes presidenciales tendrán que medir bien sus pasos, pensar previamente en todo lo que dicen y lo que hacen, cuidando –sobre todo- la articulación de los elementos verbales y no verbales, para no ser sujetos de escarnio ni carne de cañón de los memes, esas despiadadas piezas del “neotelling”.

Estoy observando puestas en escena en las que resaltan el ridículo, el absurdo y lo ininteligible. A veces es díficil saber a qué auditorio le hablan las figuras políticas o si lo hacen  para sí mismas, inflando el ego, la vanidad y el delirio de grandeza. También resulta complicado determinar cómo algunas fichas políticas quieren ser percibidas por el público.

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Prevención y gestión de crisis

La importancia de la estrategia de comunicación corporativa eleva progresivamente su nivel en la medida en que las empresas enfrentan nuevos riesgos derivados de una era dominada por lo digital, la interactividad, un alto flujo de información que impone la hipertransparencia y la posverdad, en un mundo en que los receptores de mensajes han pasado a ser “peers”.

Cualquier ciudadano con acceso a un dispositivo móvil conectado a internet puede ser una instancia de poder en situaciones de contingencia y convertirse en un gran narrador visual de sucesos empresariales con carácter expansivo en cuestión de segundos, con mayor impacto y efectividad que las tradicionales estructuras mediáticas.

Las empresas más visionarias e inteligentes sacan del sótano sus áreas de comunicación, las suben al piso de las altas configuraciones gerenciales o usan firmas externas especializadas para el acompañamiento, con el mismo interés que se protegen contratando oficinas de abogados, auditores, seguridad y pólizas de seguro.

No admite discusión que un mal ejercicio de comunicación –sobre todo en situación de crisis- destruye valor, porque les pega a los activos intangibles que, si bien algunos empresarios de la caverna, del ocultismo y la opacidad no entienden, son hoy los grandes pilares de los negocios sostenibles.

La táctica de comunicación corporativa ha de verse más allá de los manuales de crisis, que algunos mercaderes seudoexpertos venden como una garantía de redención, llenos de mensajes esperables, enlatados y procedimientos imaginarios no siempre efectivos, pues cada imprevisto crítico impone un marco de actuación distinto.

También trasciende el “media training”, a veces compuesto por cláusulas y preguntas imbéciles, establecidas por gente sin la más mínima idea sobre la naturaleza de los medios o la sicología periodística y su operatividad.

Sin aliados claves –conquistados en el tiempo-, buenas prácticas de gobierno corporativo, trayectoria de responsabilidad social y sostenibilidad, compromiso con su gente, principios éticos, vínculos con el entorno social en el que opera, compartiendo una parte de sus beneficios, no hay manual de crisis que valga para sacar de la hoguera de la malquerencia pública a una empresa fatalmente conocida cuando le estalla una crisis.

El ejercicio empresarial serio no es un concurso de popularidad ni una oportunidad clientelar. Tiene que legitimarse siendo rentable, pero sin monetizarlo todo salvajemente.

Una carrera como ser humano, solidario, socialmente sensible, humilde, compasivo, terrenal y cumplidor de la ley es una cualidad determinante y referencial del líder empresarial, como parte del escudo protector ante cualquier crisis imprevista.

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Redes sociales: to be or not to be

Yo no creo en redes sociales, ni voy a prestar atención a lo que dicen. Son movidas por un grupito de gente, donde se anidan muchos resentidos y frustrados”.

La expresión me dejó en un taco, gélido y a la vez azorado, por cuando provenía de un ente público que por su naturaleza tiene el imperativo de fortalecer y resguardar los intangibles institucionales y personales, asentados en la confianza y la credibilidad.

Una mirada en equilibrio lleva a admitir que en su manifestación hay errores, aciertos y algunos niveles de criticidad objetiva.

Las estadísticas desmontan por sí solas la afirmación de que una minoría está activa en redes sociales (RRSS). El planeta acoge a 7,593 millones de seres humanos y de esa cantidad 3,196 millones son usuarios de estos espacios virtuales, para un 42%.

Y si se trata de contenidos en redes sociales que remiten a plataformas web, cabe señalar que los usuarios de internet son 4,021 millones, el 53% del mundo, artillado  con dispositivos para consumir e interactuar en cualquier lugar y hora. 5,135 millones de usuarios únicos de aparatos móviles no es cualquier cosa.

Sí, pero siempre es un grupito que permanentemente está publicando contenidos”, zanjó.

Asumamos que es así, pero los niveles de visibilidad que crean, modelando percepción en el silencio de la mayoría, es inimaginable, altamente viral y riesgoso, pues hablamos de una audiencia que es casi la mitad del mundo.

Y si se trata de contenidos en redes sociales que remiten a plataformas web, cabe señalar que los usuarios de internet son 4,021 millones, el 53% del mundo, artillado  con dispositivos para consumir e interactuar en cualquier lugar y hora. 5,135 millones de usuarios únicos de aparatos móviles no es cualquier cosa.

Esta realidad impone nuevas formas de comunicación que destruyen el viejo esquema funcionalista de Harold Lasswell y Paul Lazarsfeld sobre el emisor que gobierna y condiciona a un receptor pasivo a través de los medios.

Las redes sociales –pobladas de sujetos deplorables, enfermizos, irresponsables, pero también de lúcidos, decentes y enfocados- tienen la virtud de haber creado el “prosumer”, un receptor activo, que a su vez es emisor, haciendo cada vez más horizontal la relación en los modelos de comunicación.

Conjuntamente con las tecnologías de la información (TIC), que evolucionan a velocidad incontenible, las redes sociales establecen nuevos abordajes en la comunicación. La joven Rocío Martín López (@rociomartinlope), especialista en comunicación audiovisual y política, ha creado el concepto de “neotelling,” una narrativa que armoniza los usos tradicionales en la comunicación con la tecnología y que impulsa el multi-impacto para capitalizar la atención.

Las redes sociales son terrenos para esa nueva práctica, aunque no constituyan un campo exclusivo. ¿Qué hay allí mucha basura? Sin dudas, pero toca a los sensatos separar el trigo de la paja.

Imágenes, audios, sensaciones, olores, códigos QR, realidad aumentada, son materia de una nueva plataforma que genera experiencias inéditas en la comunicación, integrando los gestos, la mirada, la voz.

Perderse de todos estos recursos –que ayudan orgánicamente, si son bien usados, a crear capital reputacional- es una opción, sabiendo que excluirse supone pagar un precio, que puede ser extremadamente alto en situaciones de crisis.

 

Juan Carlos Escotet (@jescotet), con más de 300 mil seguidores en twitter, es presidente de Banesco GrupoFinanciero Internacional. Cuando el gorilismo venezolano intervino a Banesco Universal y encarceló a sus  ejecutivos, con la amenaza de expropiar la entidad privada, Scotet se pronunció a través de videos en esta red.

Desarrolló un relato digno, claro y creíble que –sin perder la compostura- proyectó el abuso de poder cometido y extendió en primera instancia su mano solidaria a los afectados. Se trató de una actuación memorable en los anales del sistema financiero mundial.

Imposible haber desarrollado esta narrativa y ganar apoyo sin ser activo en redes sociales. Lo más importante es que el ejecutivo bancario dejó una huella perenne en la esfera digital y contrarrestó una posverdad, creando contraste y contexto para entenderla.

Mi interlocutor citado en este artículo pudiera argumentar que le estoy contradiciendo con base en estadísticas globales, pero que la realidad de la República Dominicana es otra. Vamos primero de lo general a lo particular partiendo de una visión regional.

Hootsuite y We Are Social, las fuentes de donde extraigo los números, indican que en 2018 la penetración de las redes sociales en Centroamérica alcanzó un 59% y en el Caribe, 40%. La conectividad móvil es de 96% y 74%, respectivamente. Aquí en República Dominicana es de 92%.

De nuestros poco más de 10 millones de habitantes, el 56% está activo en Facebook cada mes, 23% en Instagram y poco más del 12% en Twitter (cuyo valor no está en la cantidad de usuarios, sino en su capacidad de crear foros que dinamitan cualquier escenario).

Las empresas comerciales y de servicios, incluyendo bancos, instituciones estatales, personalidades, empresarios, funcionarios públicos, se preocupan por tener presencia en la órbita digital, en diferentes dimensiones y proporciones –según los intereses. Las redes sociales son vitales en sus operaciones y estrategias.

No estar en ellas es prácticamente no existir, perder oportunidades, no poder controlar ni dominar –cuando se requiera- el monstruo desde sus entrañas o, como dice Enrique Alcat, “ser fatalmente conocido en medio de una crisis”, sin otra historia que la impuesta por terceros.

Aunque amorfas y desreguladas, soslayar las redes sociales o pretender ignorarlas como vehículo de comunicación es una opción, como lo sería también hacer una vida decimonónica en pleno siglo veintiuno. Al final todas las preferencias tienen su costo.

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La percepción escrita en piedra

El poder de la percepción es inconmensurable y su motor por excelencia -que es la comunicación- la amplifica creando realidades irrefutables, aunque carezcan de bases concretas; profundas verdades rellenas por dentro de grandes mentiras, fábulas que se convierten en respetables testimonios y relatos urbanos oficializados como indudables historiografías.

En la era de la interacción  todo se comparte, nada es absolutamente privado y las paredes son porosas, por lo cual vale tanto la estrategia de comunicación como los estudios de factabilidad, financieros, de mercado y de impacto ambiental a la hora de empujar un proyecto de negocios.

Las buenas prácticas, el gobierno corporativo, el cumplimiento de la ley, la calidad de los bienes y de los servicios pueden hablar por sí solos, pero necesitan cabalgar sobre un relato para ser creíbles, asimilables y aceptados. No basta hacer; hay que decir. De ahí se deriva la expresión lapidaria ya muy masticada: el silencio no es rentable en esta época.

Pero, cuidado. No se trata de un ejercicio pregonero sin orden alguno ni de reeditar las clásicas urracas parlanchinas de nuestra mocedad, porque se corre el riesgo de crear solamente ruido, desentonar y -probablemente- colocar bloques en la Torre de Babel de quienes confunden la comunicación estratégica con presencia mediática hueca y fastuosa.

Empresas, instituciones y marcas bien comunicadas -agregando permanentemente valor a sus intangibles- establecen un cosmo de influencia positiva que abarca lo simple y lo complejo, creando una percepción desde la web, las redes sociales, el tono, el lenguaje, los colores, la presencia de su gente, el orden, la limpieza, la decoración, el logotipo, la taza del café y hasta los aromas de su atmósdera.

Concatenados estos elementos con la confianza en el servicio, la respuesta oportuna, la vocación por ofrecer eficientes soluciones al cliente, al accionista, al suplidor y el cumplimiento sin brechas ante los reguladores del mercado, estamos en condiciones óptimas para construir un relato exitoso.

Con esta base – a la que se integran un código de ética respetado y la felicidad laboral que convierte a cada colaborador en genuino embajador de la marca-, la percepción se escribe en muros de piedra y no en la arena a merced del viento y del tiempo, descubridores de todas las mentiras.

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¿Por qué es importante la reputación de los países?

En distintas ocasiones he hablado sobre la imperiosa necesidad que tiene la República Dominicana de rescatar su reputación y, en consecuencia, el valor de sus intangibles para ser un país viable. Justamente acabo de recibir el último informe del Reputation Institute, que amplía el contexto de mi exposición.

En el ranking de naciones con la reputación más elevada, Suecia aparece en el número uno y llama la atención cómo el primer ministro Stefan Löfven

explica el posicionamiento.

Primer Ministro sueco Stefan Löfven 

“Esto es el resultado, de hecho, de nuestro modelo social que crea no solamente crecimiento, sino libertad, equidad y seguridad”, ha declarado .

Reputation Institute aporta una métrica que saca el concepto de lo puramente etéreo. El incremento de un punto en el nivel de reputación por parte de un país se refleja en un aumento de 0.9% de turistas per cápita. Asimismo, cuando un país logra aumentar un punto en su reputación, esto se refleja en una variación positiva de 0.3% en su ratio de exportación.

Si partimos de que está surgiendo una nueva era en la que los intangibles de la reputación subrayan el cambio político, social y económico, no hay que poner en dudas los impactos antes señalados.

En el ranking de los diez países con mayor reputación la lista que a continuación comparto permanece en gran medida estable, según Reputation Institute: Suecia (81.7), Finlandia (81.6), Suiza (81.3), Noruega (81.1), Nueva Zelanda (79.7), Australia (79.6), Canadá (79.2), Japón (77.7), Dinamarca (76.7) y Holanda (76.1).

Bandera de Suecia.

El poder económico, su desarrollo, la tasa de crecimiento, el tamaño de la población o del territorio no necesariamente contribuyen con una mejor reputación.

El mayor peso relativo (51%) es aportado por los siguientes conductores: La gente es amistosa y acogedora; el lugar garantiza seguridad; el país es hermoso; el estilo de vida es atractivo, el país es agradable, ético y participante responsable de la comunidad global. Todos esos “drivers” se resumen en libertad, equidad y seguridad, las tres plataformas fundamentales de Suecia. Ese es nuestro gran reto ¿Cómo lo asumen los aspirantes presidenciales? Al menos en el discurso, el hueco conceptual es notorio y penoso.

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¡Oh Dios! Esas redes

Las redes sociales, fuentes de todo tipo de información, patíbulo para algunos, medios de promoción para otros, acogen verdades, mentiras, ciencia, fantasía, subjetividad, concreción, consejos, locuras, buenos y malos paradigmas.

Son lugares de catarsis, de exhibicionismo, de narcisismo y espejo de la psique de gente feliz, amargada, sola, luminosa, lúgubre. Hay de todo para todos en ese proverbial vertido de textos, fotos, videos y audios.

La ortodoxia periodística abomina de ellas –aunque las usa como punto de partida y herramienta de monitoreo para llegar a la noticia- porque su forma líquida impide un control y de alguna manera constituye una competencia feroz en el inmediatismo, que fue antes una pata fundamental del diarismo.

Millones de palabras se han vertido analizando el fenómeno de las redes sociales y colocando en tela de juicio su seriedad y débil confianza.

El problema de la credibilidad no está en las redes sociales en sí mismas. Reside en los usuarios. Las redes son canales de transmisión de contenidos y cada ente emisor es responsable de su propia reputación. 

Mecanismos como seguir, dejar de seguir, silenciar, reportar, bloquear, dan a las redes sociales un valor democrático amplio. Está en manos de los usuarios aprovechar esos canales para mal o para bien.

Entrega de información seria, socialización de conocimientos, orientaciones, son partes de ellas. También los son los contenidos bobalicones, inútiles, morbosos, ofensivos, infames. Uno selecciona el camino.

Pero militan además en las redes los orientadores, la gente bien intencionada y los entes socialmente responsables. Sin olvidar que tenemos a los mercantilistas, quienes ponen precio hasta a las comas y los puntos suspensivos en sus cuentas.

Twitter ha tomado una decisión reciente que, de alguna manera, contribuye con el adecentamiento de esa correa de transmisión de contenidos. Suspendió su ejercicio de verificación de cuentas para poner en marcha nuevos requisitos.

La empresa se autocrítica y admite que ha verificado a personajes y entidades que no lo merecen. Eliminar la verificación a los dañinos de baja calidad humana sería un paso muy importante.

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Memorias bancarias que crean impacto

El informe de desempeño o la memoria de las instituciones financieras es un medio de rendición de cuentas que se realiza en cumplimiento de normas regulatorias de los organismos supervisores, al igual que la publicación de los estados financieros auditados.

La mayoría de los intermediarios financieros conciben, desarrollan y presentan este producto editorial basado en un solo objetivo: el cumplimiento de un mandato emanado de la regulación.

Otros, con una visión más holística, lo asumen de forma tal que, respondiendo a los requisitos de contenidos y tiempo de entrega de la Superintendencia de Bancos, convierten la memoria en un instrumento de marketing y a la vez de comunicación organizacional.

Más allá de la rendición de cuentas, el informe anual de desempeño de las entidades financieras refleja su personalidad corporativa y es una oportunidad para conectar con su público, reforzar los lazos de identidad y de confianza.

En ese marco, si la memoria es algo más que cumplimiento de la regulación –entregada para ser colecciona en los fríos y formales anaqueles tecnicistas de la Superintendencia de Bancos y el Banco Central- ha de romper la rutina con valores comunicacionales que atrapen la atención de clientes vigentes y potenciales , accionistas, relacionados y público en general.

El equipo de Mediáticos Consultores en Comunicación comparte dos experiencias relevantes en el desarrollo de los informes anuales de desempeño correspondientes a dos distinguidos clientes: Banco Dominicano del Progreso y Asociación La Vega Real de Ahorros y Préstamos.

 

El Progreso

En alianza con el Grupo Nous –integrado por creativos innovadores y de alto vuelo- asumimosla ejecución de la memoria desde la recolección de los datos, procesamiento, redacción, corrección, diseño e impresión.

Decidimos enriquecer la narrativa corporativa con el testimonio de un empresario que ha crecido con el banco, una historia que da sentido y respaldo a la filosofía de la entidad de acompañar al cliente en todas las etapas de su vida.

Un texto exquisitamente estructurado y fotografías de impacto recogen la parte testimonial que, además de la superficie impresa, se registra en un video publicado en el canal youtube del banco.

A partir de un código en la memoria impresa la pieza audiovisual se activa en dispositivos móviles con la aplicación “QR Code Reader”, ofreciendo una experiencia de lectura transmedia a través de la cual se entiende el éxito del Banco Dominicano del Progreso como acompañante de sus clientes.

Alaver

En el caso de la Asociación La Vega Real de Ahorros y Préstamos (Alaver), el informe anual de desempeño fue desarrollado en dos versiones: una impresa y otra audiovisual resumiento en poco más de tres minutos el contenido de unas cien páginas.

La pieza audiovisual no sólo garantiza una información rápida al público sobre el año fiscal  de la organización financiera, sino que sirve de instrumento de marketing para conquistar nuevos clientes o desarrollar múltiples negocios con los ya existentes.

El equipo del área de negocios lo utiliza como introito en sus reuniones con clientes corporativos. El audiovisual también abre una oportunidad interesante para impactar en las redes sociales con viralización y contagio fortaleciendo el posicionamiento en cuanto a confianza.